Cuando un alimento se convierte en prohibido
1 de octubre de 2026 | Nutrifit Mérida - Cristina González
Cuando un alimento se convierte en prohibido

Hay alimentos que no solo están en nuestra cocina.
También pueden estar en nuestra cabeza.
“El chocolate, mejor no.”
“Eso engorda.”
“Los dulces únicamente el fin de semana.”
“Si compro galletas, me las voy a terminar.”
Y poco a poco, ese alimento deja de ser simplemente un alimento.
Pasa a convertirse en algo especial.
Algo que hay que controlar.
Algo que solo podemos permitirnos bajo determinadas condiciones.
Y aquí puede empezar un círculo difícil de romper.
Cuando comer se convierte en “permitido” o “prohibido”
Imagina que decides que durante la semana no vas a comer chocolate.
Los primeros días puedes sentir que lo tienes controlado.
Pero llega el jueves y empiezas a pensar en él.
El viernes tienes todavía más ganas.
Y cuando llega el fin de semana piensas:
“Ahora sí puedo.”
Entonces comes más de lo que esperabas.
Y después aparece:
“Me he pasado.”
“Sabía que no podía controlarme.”
“Ya que he empezado, sigo.”
Y el lunes vuelve la prohibición.
Restricción → deseo → comer con urgencia → culpa → nueva restricción.
No porque seas incapaz de controlarte.
Sino porque las reglas rígidas también pueden influir en nuestra forma de relacionarnos con la comida.
¿Por qué ocurre?
Cuando algo está completamente fuera de nuestros límites, puede adquirir una importancia enorme.
No solo importa el alimento.
Importa que no podemos tenerlo.
Y cuanto más pensamos:
“Esto no debería comerlo”,
más presente puede estar.
Por eso algunas personas pasan gran parte del día pensando en ese alimento que intentan evitar y, cuando finalmente se lo permiten, sienten que tienen que aprovechar el momento.
No es simplemente una cuestión de hambre.
También puede intervenir la sensación de escasez, las normas que nos hemos impuesto y todo el significado que hemos asociado a ese alimento.
El objetivo no es comer sin límites
Eliminar las prohibiciones no significa que de repente tengas que comer chocolate todos los días.
Tampoco significa dejar de cuidar tu alimentación.
Significa algo diferente:
que un alimento pueda existir sin convertirse automáticamente en una amenaza.
Que puedas comer una porción y continuar con tu día.
Que una comida diferente no necesite una compensación.
Que disfrutar de algo no implique pensar:
“Ya lo he estropeado todo.”
Y que puedas tomar decisiones sobre lo que comes desde la calma, no desde el miedo a perder el control.
Una alimentación saludable también necesita flexibilidad
A veces pensamos que cuidar nuestra alimentación consiste en tener cada vez más reglas.
Pero una relación saludable con la comida no se construye únicamente con listas de alimentos permitidos.
También necesita flexibilidad, variedad y capacidad para adaptarse a la vida real.
Porque habrá cumpleaños.
Habrá viajes.
Habrá cenas con amigos.
Habrá domingos de sofá y chocolate.
Habrá días en los que cocinarás y otros en los que pedirás comida.
Y todo eso puede formar parte de una alimentación saludable.
Si tienes un alimento que sientes que “no puedes controlar”…
Puede ser interesante dejar de preguntarte únicamente:
“¿Cómo consigo comer menos?”
Y empezar a preguntarte:
“¿Qué papel tienen las prohibiciones en mi relación con este alimento?”
Porque quizá no necesites aprender a tener más control.
Quizá necesites dejar de vivir la comida como una batalla.
Y sí: esa relación también se puede trabajar.
Si te has identificado con algún alimento en concreto —chocolate, pan, dulces, pizza, snacks…— y sientes que cuando empiezas te cuesta parar, puede que haya algo más que simplemente “falta de voluntad”.
Si quieres entender mejor por qué ocurre, ESCRÍBENOS.
No estás sol@.










