No sé qué me pasa, pero últimamente no me siento como siempre: aprende a escucharte
21 de octubre de 2026 | Nutrifit Mérida - Cristina González
No sé qué me pasa, pero últimamente no me siento como siempre: aprende a escucharte

¿Últimamente te notas diferente? Quizá tienes menos ganas de salir, estás más sensible, te cuesta disfrutar de algunas cosas o sientes que cualquier pequeño problema te afecta más de lo habitual.
Puede que estés más cansada, necesites pasar más tiempo en casa o tengas la sensación de que algo ha cambiado, aunque no sepas explicar exactamente qué.
Y cuando no encuentras una razón clara, empiezas a hacerte preguntas: «¿Por qué estoy así?», «¿me estará pasando algo?» o «¿por qué no soy la de antes?».
Si te reconoces en estas palabras, queremos recordarte algo: no eres la única persona que atraviesa momentos en los que no termina de sentirse como siempre. Y no necesitas tener todas las respuestas para empezar a cuidarte.
En ocasiones, el cambio de estación coincide con variaciones en nuestras rutinas, nuestro descanso o nuestro estado de ánimo. Otras veces, lo que sentimos tiene que ver con el estrés acumulado, nuestras circunstancias personales o emociones a las que no hemos podido prestar atención.
Lo importante es no juzgarte por sentirte así y empezar a escuchar qué necesitas.
¿Por qué últimamente me siento diferente?
No siempre existe una única explicación para nuestros cambios emocionales. A veces se juntan varias circunstancias y nos cuesta identificar qué nos está afectando.
Estas son algunas situaciones que pueden influir en cómo te encuentras.
1. Te cuesta más hacer cosas que antes te apetecían
Antes te resultaba fácil organizar un plan, salir a caminar o quedar con alguien. Sin embargo, últimamente prefieres quedarte en casa, pospones actividades o necesitas hacer un esfuerzo mayor para ponerte en marcha.
Quizá te preocupa estar perdiendo las ganas de hacer cosas, especialmente cuando te comparas con cómo eras hace unos meses.
Pero no todos los periodos de nuestra vida tienen la misma energía. Las responsabilidades, el descanso, el estrés y las circunstancias personales pueden influir en nuestra motivación.
En lugar de reprocharte que ya no haces tantas cosas, prueba a preguntarte cómo te encuentras y qué tipo de actividades te apetecen realmente.
Eso sí, si pierdes el interés por casi todo, esa sensación se mantiene o empieza a interferir en tu vida cotidiana, es importante buscar orientación profesional.
2. Estás más sensible y todo parece afectarte más
Hay días en los que un comentario te duele más de lo habitual, una preocupación ocupa toda tu cabeza o tienes menos paciencia con las personas que te rodean.
Después puedes sentirte mal por haber reaccionado así o preguntarte por qué no consigues tomarte las cosas de otra manera.
Sin embargo, nuestras emociones no aparecen de la nada. El cansancio, la falta de descanso, el estrés y las experiencias que estamos viviendo pueden influir en nuestra manera de responder a lo que sucede.
No necesitas justificar cada emoción ni avergonzarte por sentirla.
Puedes reconocer que algo te ha afectado, darte un momento para entenderlo y decidir cómo quieres actuar después.
Sentir algo intensamente no significa que estés haciendo algo mal. Lo importante es aprender a comprenderlo y gestionarlo sin hacerte daño ni hacérselo a los demás.
3. Necesitas más tranquilidad y no sabes cómo explicarlo
A veces no te apetece salir, hablar demasiado ni llenar el día de actividades. Lo que quieres es llegar a casa, ponerte cómoda y disfrutar de un rato sin obligaciones.
Y puede aparecer la culpa: piensas que deberías aprovechar más el tiempo, ver a tus amigos o hacer todo aquello que tenías pendiente.
Pero necesitar tranquilidad no es, por sí mismo, algo negativo.
El descanso y los momentos de calma también tienen un lugar en una vida saludable. No necesitas estar siempre disponible ni convertir cada tarde en una oportunidad para ser más productiva.
La clave está en observar cómo te sientes: ¿disfrutas de esos momentos de tranquilidad y después recuperas las ganas de hacer cosas? ¿O cada vez te cuesta más salir, relacionarte y disfrutar de actividades que antes te gustaban?
Esta diferencia puede ayudarte a reconocer si simplemente necesitas bajar el ritmo o si conviene buscar apoyo.
4. También puede cambiar tu relación con la comida
Cuando nuestro estado de ánimo cambia, a veces también lo hace nuestra forma de comer.
Quizá te apetecen más platos calientes, buscas chocolate al llegar a casa o sientes que ese momento de la comida es una de las pocas ocasiones del día en las que consigues desconectar.
En otras situaciones, puedes notar menos apetito, comer de forma desorganizada o utilizar la comida como una manera de aliviar el estrés.
Estas experiencias pueden estar relacionadas con muchos factores: las necesidades físicas, el descanso, las emociones, los horarios o la forma en que nos relacionamos con determinados alimentos.
Por eso, no es útil interpretar automáticamente cada antojo como falta de voluntad ni pensar que tienes que controlar todo lo que comes.
Puedes empezar por observar tus hábitos sin juzgarte, mantener una alimentación suficiente y regular, y preguntarte qué necesitas en esos momentos.
Quizá tienes hambre. Quizá llevas horas sin parar. Quizá necesitas descansar, compañía o un momento para ti.
Y recuerda: la comida puede formar parte de tu bienestar, pero no tienes que resolver todas tus emociones a través de ella ni sentir culpa por disfrutarla.
¿Cómo puedes empezar a cuidarte cuando no te sientes como siempre?
No necesitas descubrir de inmediato qué te ocurre ni cambiar todos tus hábitos de un día para otro.
Puedes empezar con pequeños gestos que te ayuden a escucharte y a recuperar cierta estabilidad.
Date permiso para reconocer cómo estás
En lugar de responder «estoy bien» automáticamente, intenta dedicar unos minutos a identificar cómo te sientes.
¿Estás preocupada? ¿Agotada? ¿Triste? ¿Saturada? ¿Necesitas descansar o te vendría bien hablar con alguien?
No tienes que encontrar una explicación perfecta. Poner nombre a lo que sientes puede ayudarte a comprender mejor tus necesidades.
Deja de compararte con tu versión de otros momentos
Quizá hace unos meses tenías más energía, salías más o te resultaba sencillo mantener determinadas rutinas.
Pero utilizar esa etapa como medida de todo lo que deberías hacer ahora puede añadir presión a un momento en el que ya te encuentras vulnerable.
Tu objetivo no tiene que ser volver a ser exactamente quien eras. Puedes empezar por descubrir qué necesitas en esta etapa de tu vida.
Mantén pequeñas rutinas que te hagan bien
Cuando no tienes demasiadas ganas, proponerte grandes cambios puede resultar abrumador.
En cambio, puedes empezar por salir a dar un paseo corto, preparar una comida que te guste, mantener unos horarios de descanso regulares o dedicar un rato a una actividad agradable.
No se trata de obligarte a estar bien, sino de ofrecerte oportunidades para cuidarte.
Habla con alguien con quien te sientas segura
No siempre necesitamos que otra persona nos dé una solución. A veces necesitamos poder explicar lo que nos pasa sin escuchar que exageramos, que tenemos que animarnos o que deberíamos dejar de pensar tanto.
Compartir lo que sientes con alguien de confianza puede ayudarte a sentirte acompañada.
Y si no sabes cómo explicar tu malestar, puedes empezar simplemente diciendo: «Últimamente no me encuentro como siempre y necesito hablarlo».
No tienes que esperar a tenerlo todo claro para pedir compañía.
¿Cuándo es el momento de pedir ayuda profesional?
Es normal atravesar momentos difíciles, pero eso no significa que tengas que soportarlos sola ni esperar a encontrarte peor para buscar apoyo.
Si llevas un tiempo sintiéndote triste, has perdido el interés por actividades que antes disfrutabas, notas cambios importantes en tu sueño o apetito, o te cuesta realizar tus tareas habituales, hablar con un profesional sanitario puede ayudarte a comprender qué está ocurriendo.
Si el malestar es intenso o persiste, no lo atribuyas únicamente al otoño ni esperes a que desaparezca por sí solo.
Pedir ayuda no significa que seas débil, que no sepas gestionar tus emociones o que hayas fracasado.
Significa que estás prestando atención a tu bienestar y que quieres encontrar herramientas para sentirte mejor.
Y si además notas cansancio persistente o falta de energía, conviene valorar también posibles causas físicas con un profesional sanitario.
No tienes que esperar a encontrarte al límite para cuidarte
A veces pasamos tanto tiempo atendiendo nuestras responsabilidades, intentando llegar a todo y preocupándonos por los demás que dejamos nuestras propias necesidades para después.
Seguimos con nuestra rutina, cumplimos con lo que se espera de nosotros y repetimos que no pasa nada.
Hasta que un día nos damos cuenta de que no nos sentimos como siempre.
Si estás en ese momento, queremos recordarte que no tienes que avergonzarte por necesitar una pausa, sentirte más sensible o pedir ayuda.
No necesitas demostrar que puedes con todo. Tampoco tienes que encontrar una explicación para cada emoción antes de darte permiso para cuidarte.
A veces, el primer paso para encontrarte mejor no es exigirte que vuelvas a ser la de antes, sino escuchar a la persona que eres hoy.
En Nutrifit Mérida creemos que cuidarse va más allá de lo que ponemos en el plato. También implica aprender a reconocer nuestras necesidades, construir hábitos que nos hagan bien y relacionarnos con la alimentación sin culpa ni exigencias imposibles.
Porque mereces cuidarte también en esos días en los que no sabes muy bien qué te pasa.
Y recuerda: no tienes que recorrer ese camino sin apoyo.










