Cuando vuelve el colegio, no solo cambian los horarios
16 de septiembre de 2026 | Nutrifit Mérida - Cristina González
Cuando vuelve el colegio, no solo cambian los horarios

Septiembre puede parecer simplemente una vuelta a la normalidad.
Pero para muchas familias significa mucho más.
Vuelven los despertadores, las mochilas, los deberes, las extraescolares, las prisas, las comidas que hay que organizar y esas mil pequeñas cosas que durante el verano parecían estar en pausa.
Y cuando todo vuelve a ponerse en marcha, es fácil entrar en ese modo de:
“Tengo que llegar a todo.”
Organizas las mañanas.
Piensas qué van a comer los niños.
Preparas mochilas.
Resuelves imprevistos.
Atiendes el trabajo.
La casa.
La familia.
Y, casi sin darte cuenta, empiezas a funcionar en automático.
Hasta que llega la noche.
Y entonces quizá aparece una sensación que cuesta reconocer:
has estado pendiente de todo el mundo menos de ti.
La carga invisible de septiembre
La vuelta al colegio no implica únicamente recuperar horarios.
También significa volver a tomar decisiones constantemente.
¿Qué preparo para comer?
¿Qué necesitan mañana?
¿Hay que comprar algo?
¿Quién recoge a los niños?
¿Qué hacemos para cenar?
¿He preparado todo?
Son pequeñas decisiones que, acumuladas durante el día, pueden generar una sensación de agotamiento mental.
Y cuando llevas horas pensando en las necesidades de los demás, es comprensible que las tuyas terminen ocupando el último lugar.
No porque no sean importantes.
Sino porque has aprendido a funcionar así:
primero los demás, después tú.
¿Cómo te estás sintiendo tú?
Quizá septiembre te haga ilusión.
Quizá tengas ganas de recuperar tus horarios, volver al trabajo, reencontrarte con personas que no has visto durante el verano o recuperar pequeños momentos de tu rutina.
Pero también puedes sentirte cansada.
Agobiada.
Nostálgica.
Saturada.
Incluso un poco perdida.
Y ninguna de esas emociones invalida las demás.
Puedes estar feliz porque tus hijos vuelven al colegio y, al mismo tiempo, echar de menos el verano.
Puedes tener ganas de recuperar la rutina y sentir que necesitas descansar.
Puedes estar ilusionada con una nueva etapa y tener cierto miedo ante todo lo que viene.
Las emociones no tienen que elegir una sola opción.
Pueden convivir.
Cuando tú también desapareces de tu propia agenda
Hay algo que ocurre con mucha frecuencia cuando tenemos demasiadas responsabilidades:
empezamos a posponer nuestras propias necesidades.
“Ya comeré luego.”
“Cuando termine esto descanso.”
“Cuando tenga tiempo salgo a caminar.”
“Ahora no puedo parar.”
Y ese “luego” puede convertirse en días, semanas o incluso meses.
Por eso, cuidarte no tiene que significar añadir otra obligación a tu lista.
Puede significar algo mucho más sencillo:
Sentarte para desayunar.
Comer sin hacerlo mientras respondes mensajes.
Prepararte una comida que realmente te apetezca.
Salir diez minutos a tomar el aire.
Pedir ayuda.
Decir que no.
Reservarte un rato sin sentir que tienes que justificarlo.
Hacer algo simplemente porque te hace bien.
Cuidarte también es escucharte
Cuando hablamos de alimentación saludable, muchas veces pensamos únicamente en qué comemos.
Pero el bienestar es mucho más amplio.
También importa cómo llegas a las comidas.
Cómo descansas.
Cómo gestionas tus horarios.
Cuánto espacio tienes para ti.
Y cómo te hablas cuando sientes que no estás llegando a todo.
Porque quizá no necesites hacer más.
Quizá necesites dejar de exigirte tanto.
Antes de terminar el día preguntándote si has cumplido con todo lo que necesitaban los demás, prueba a hacerte una pregunta diferente:
¿Cómo estoy yo?
No tienes que solucionar todo inmediatamente.
A veces, simplemente reconocer que estás cansada ya es una forma de empezar a cuidarte.
Y recuerda algo importante:
tú también formas parte de las personas de las que tienes que cuidar.
No eres egoísta por necesitar tiempo.
No eres menos responsable por pedir ayuda.
No tienes que ganarte el derecho a descansar.
Y no necesitas esperar a que todo esté solucionado para ocuparte de ti.
Porque mientras organizas la vida de todos…
tu vida también está pasando.
Y merece que estés presente en ella.










