¿Y si septiembre no ha salido como esperabas?
22 de septiembre de 2026 | Nutrifit Mérida - Cristina González
¿Y si septiembre no ha salido como esperabas?

Septiembre suele empezar con muchas expectativas.
“Este mes voy a cuidarme.”
“Voy a comer mejor.”
“Voy a hacer ejercicio.”
“Voy a organizarme.”
“Voy a recuperar mis rutinas.”
Y durante las primeras semanas parece que todo va según lo previsto.
Pero llega el día 25…
Y aparece ese pensamiento:
“No he hecho nada.”
Antes de darlo por hecho, para un momento.
Porque quizá sí has avanzado.
Solo que estás mirando el progreso desde un lugar demasiado pequeño.
No todo el progreso se puede medir
Cuando pensamos en mejorar nuestros hábitos, solemos fijarnos en aquello que podemos cuantificar.
El peso.
Las medidas.
La talla.
Los días que hemos hecho ejercicio.
Las comidas que hemos preparado.
Los objetivos que hemos cumplido.
Pero existen muchos cambios importantes que no aparecen en ninguna báscula.
Quizá este mes has empezado a desayunar con más calma.
Has aprendido a beber más agua.
Has incorporado alguna verdura que antes apenas consumías.
Has vuelto a caminar.
Has aprendido algo nuevo sobre alimentación.
Has pedido ayuda.
Has empezado a escuchar mejor tus señales de hambre y saciedad.
Has descansado cuando realmente lo necesitabas.
O incluso has aprendido a hablarte con un poco más de paciencia.
Todo eso también es progreso.
El problema de pensar que “no has hecho nada”
Cuando únicamente valoramos los resultados finales, podemos pasar por alto todo lo que ha ocurrido durante el proceso.
Por ejemplo:
Si tu objetivo era hacer ejercicio cuatro días por semana y finalmente lo has hecho dos, puedes pensar:
“He fallado.”
Pero también puedes observar:
“Hace meses no hacía ninguno y ahora he empezado a moverme dos días.”
La situación es exactamente la misma.
Lo que cambia es la forma de interpretarla.
Y esa interpretación puede determinar si continúas o abandonas.
Progresar no significa cumplir siempre el 100 %.
Significa avanzar en una dirección que sea beneficiosa para ti.
Tu alimentación no necesita ser perfecta para estar mejor
Lo mismo ocurre con la alimentación.
Quizá no has conseguido cocinar todos los días.
Pero has aprendido a tener algunas opciones rápidas y nutritivas.
Quizá has seguido comiendo fuera algunos días.
Pero has dejado de sentir que una comida diferente “estropea” toda la semana.
Quizá has tenido días desordenados.
Pero has aprendido a volver a comer con normalidad sin compensaciones.
Eso también son aprendizajes.
Y, a largo plazo, pueden ser mucho más importantes que seguir una rutina perfecta durante unas semanas.
Mira lo que has aprendido
En lugar de terminar septiembre preguntándote:
“¿Qué no he conseguido?”
prueba a hacerte otras preguntas:
¿Qué me ha funcionado?
¿Qué hábitos me han resultado fáciles de mantener?
¿Qué me ha costado?
¿En qué momentos he tenido más dificultades?
¿Qué necesito cambiar?
¿Hay algo de mi rutina que no está encajando con mi vida actual?
¿Qué quiero mantener en octubre?
No tienes que llevarte todo lo que has intentado.
Puedes quedarte con aquello que realmente te ha ayudado.
El progreso también está en conocerte
A veces un mes no nos proporciona los resultados que esperábamos, pero sí nos ofrece información.
Quizá descubres que intentar cambiar cinco cosas a la vez no funciona para ti.
Quizá necesitas organizar mejor tus comidas.
Quizá dormir poco afecta mucho a cómo comes.
Quizá necesitas dejar de ponerte objetivos imposibles.
Quizá necesitas pedir ayuda.
Y descubrirlo también es avanzar.
Porque cuidar tu alimentación no consiste únicamente en saber qué alimentos deberías comer.
También consiste en aprender cómo encaja todo eso en tu vida.
Antes de cerrar septiembre, haz este ejercicio
Busca unos minutos y escribe tres cosas:
1. Algo que hayas conseguido.
Aunque te parezca pequeño.
2. Algo que hayas aprendido.
Sobre tu alimentación, tu rutina o sobre ti.
3. Algo que quieras mantener en octubre.
No escribas diez objetivos.
Solo uno.
Uno que sea realista y que puedas incorporar a tu vida.
Porque no necesitas empezar octubre con una lista interminable de cambios.
Puedes empezar con algo mucho más sencillo:
continuar.
Quizá septiembre no ha sido perfecto. ¿Y qué?
No necesitas terminar el mes siendo una versión completamente diferente de ti.
No necesitas haber cumplido todos tus objetivos.
No necesitas que todo haya salido según lo planeado.
Quizá septiembre te ha enseñado qué quieres seguir haciendo.
Qué necesitas modificar.
Qué ya no te funciona.
Y qué necesitas para sentirte mejor.
Y eso tiene muchísimo valor.
Así que antes de pensar:
“No he hecho nada.”
Mira un poco más despacio.
Quizá has avanzado más de lo que crees.
Quizá simplemente estabas buscando el progreso en el lugar equivocado.
Porque mejorar no siempre significa conseguir más.
A veces significa entenderte mejor, exigirte menos y aprender a seguir.










